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La Europa feudal - La cultura

LA CULTURA.  Si la sociedad feudal se dividió en tres claros estamentos generales - el hombre que trabaja, el que pelea y el que ora -, diversos serían también los caracteres culturales y la ideología de estos tres campos. El cristianismo sería la base fundamental de la cultura.

    El campesino, que vive agobiado por durísimas condiciones de existencia y amenazado constantemente por el hambre, las pestes y la guerra, en el marco de una incultura general, sostiene una religión primitiva y supersticiosa: esta vida es sólo un camino de penuria hacia la auténticamente importante que es la eterna, a la que se llega de la mano y gracias a la orientación de la Iglesia, que tiene «las llaves del reino».

    El guerrero tenía una misión en la vida: pelear contra sus vecinos o contra los infieles. Su ideal es la guerra, idealizada bajo el prisma de la bravura, la lealtad, la nobleza y el amor por los «cantares de gesta». La Iglesia, hábilmente, supo canalizar esa belicosidad, al predicar las Cruzadas, logrando hacer de los guerreros feudales soldados de Cristo.

    El clero, cuya importancia política y social fue creciendo a lo largo del tiempo - como antes vimos -, tuvo el monopolio del saber en aquella Europa analfabeta. El fenómeno del monaquismo alcanzó extraordinaria difusión, y si bien fueron unidades económicas feudales, su mayor mérito consiste en haber transmitido a la posteridad, mediante una paciente recopilación y copia, una serie de manuscritos, códices miniados y crónicas históricas.

    Si la práctica de la norma benedictina, «ora et labora», había sumergido a los monasterios en el sistema socio-económico feudal, frente al feudalismo de la Iglesia nace la Reforma de la Orden del Cluny, que propugnaba una mayor dedicación a la oración, prohíbe el trabajo manual y se someten directamente al Papa, sin la injerencia de señores feudales y obispos. La intensa espiritualidad que vivió Europa en el siglo X (ante la proximidad del año 1000, en que se suponía llegaría el fin del mundo), y el inicio del despegue económico, explican el extraordinario éxito de la orden cluniacense y del estilo artístico que difundieron: el románico, estilo artístico feudal y monacal por antonomasia. El templo románico - llamado «fortaleza de Dios» por su pesadez y poderío - es fiel expresión de una sociedad feudal autoritaria. Su escasa luz, el grosor de sus muros, formaban un perfecto marco para fomentar el efecto de misterio y de temor de Dios.

    En la gestación del estilo se unen las viejas técnicas romanas con la influencia oriental (bizantina fundamentalmente) y germánica. Sus elementos arquitectónicos fundamentales serán el arco de medio punto, la bóveda de cañón y la de arista. Sus gruesos muros, para contrarrestar el peso de la bóveda, se veían reforzados en el exterior por contrafuertes.

    La escultura románica, prácticamente inexistente, si no está ligada a la arquitectura, se aplica generalmente a las portadas de los templos y a los capiteles de las columnas. Tiene una función didáctica clara al relatar a un campesinado inculto escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, que sirven de ejemplo para el bien obrar.

    En la difusión del arte románico habrían de jugar un papel importante los caminos de peregrinación hacia los dos grandes centros espirituales de Occidente: Roma y Santiago de Compostela.

Fuente: Enciclopedia Temática Lafer 

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