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La Europa Feudal ASPECTOS POLÍTICOS

La Europa Feudal
ASPECTOS POLÍTICOS.  Frente a la descomposición política general, sólo instituciones van a intentar restaurar la idea de Imperio desde presupuestos feudales: el Sacro Imperio - restaurado en Alemania por los otones - y la Iglesia Católica. El enfrentamiento entre ambas entidades habría de surgir al no estar deslindado el campo de actuación - temporal o espiritual - que correspondía a cada una de ellas.

    La Iglesia no logró sustraerse a la feudalización. Había obispados y abadías que eran grandes feudos, cuya investidura otorgaba el príncipe. Obispos y abades eran, por tanto, vasallos de los reyes, con todas las obligaciones de fidelidad y de prestaciones antes señaladas. Los grandes señores disponían a su antojo de las sedes episcopales y abadías y las concedían al mejor postor (simonía) que le garantizase su fidelidad. Era lo que se ha llamado el derecho de investidura.

    La Iglesia no podía tolerar este estado de cosas, y - tras la profunda decadencia del siglo X, «siglo de hierro del Papado» -, en el siglo XI, una serie de enérgicos pontífices van a intentar una profunda reforma no sólo en lo espiritual (prohibición del nicolaísmo o matrimonio de los sacerdotes), sino también en lo temporal (prohibición de la simonía o compra de obispados o abadías), condenando con la pena de excomunión a los laicos que concedan beneficios eclesiásticos. La elección de Papa deja de ser una lucha de influencias entre las más importantes familias, al lograr Nicolás II, en 1059, que el Papa sea elegido solamente por los cardenales mediante voto secreto. Evidentemente, las medidas en contra de la simonía iban a enfrentar a la Iglesia con los poderes temporales. Los emperadores alemanes se niegan a renunciar al derecho de investidura, ya que, al otorgar el feudo a un eclesiástico, éste revertía a la corona en caso de muerte, pues los concedidos a laicos eran hereditarios.

    El punto culminante de la lucha entre los dos poderes se produce cuando se enfrentan ideológicamente el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique IV, con el pontífice Gregorio VII. El pontífice, en el año 1075, publica el Dictatus Papae, en el que, entre otras medidas, condenaba la investidura laica, afirma el absolutismo pontificio en el gobierno de la Iglesia y la supremacía del poder espiritual del Papa sobre el temporal del Emperador. Enrique IV depone al Papa y nombra un antipapa. El pontífice responde a la provocación excomulgando al Emperador. Finalmente, pudo verse cómo el peso de una excomunión pontificia podía hacer tambalear a un Emperador. Enrique IV se ve obligado a implorar el perdón papal en Canossa, pues sus súbditos se habían declarado en rebeldía por el peso de la excomunión, y estaban dispuestos a elegir a otro Emperador.

    El prestigio del Papado fue creciente desde entonces, paralelo a la decadencia de la institución imperial. Cuando, en el año 1095, el Papa Urbano II predique en Clermont Ferrand la Primera Cruzada, sin participación de ningún soberano, la respuesta positiva y entusiasta de la Cristiandad demostrará el arraigo adquirido por los pontífices, jefes absolutos de una Iglesia reformada, depurada y centralizada, cuya autoridad es reconocida por reyes y señores feudales sin discusión.

    A la vista de los resultados puede concluirse que la lucha de las investiduras fue la manifestación aparente de un problema más profundo: el de las relaciones de supremacía entre el poder temporal y espiritual que Occidente no había logrado resolver como Bizancio (reunión en manos del Emperador de ambos poderes). Era, en definitiva, la lucha por el «dominium mundi» entre dos ideas contrapuestas: césaro-papismo y teocracia.

Fuente: Enciclopedia Temática Lafer

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