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11/3/14

LOS NUEVOS ESTADOS.


LOS NUEVOS ESTADOS.  La creación de Estados nacionales autoritarios va a ser general en toda Europa. Curiosamente, Italia y Alemania, que habían conocido una rica vida urbana, política y económica, se mantendrán al margen, hasta el siglo XIX, del proceso de unificación.

    Surge el concepto de nación, definiendo el termino a un territorio y a un pueblo regido por un monarca y unido por una misma lengua y una cultura común.

    Las nuevas monarquías autoritarias van a tener unas características que explican su nacimiento y desarrollo. Superada la crisis del siglo XIV, la economía volvió a renacer, y hacía falta un poder fuerte para regularla, dirigirla, protegerla de la competencia exterior y acrecentarla. El logro de la supremacía monárquica no iba a ser fácil, al haber cuatro fuerzas que se oponían a ella: la nobleza feudal, la burguesía municipal, el Papado y el Imperio. La mayor parte de estas fuerzas se habían autodestruido en las repetidas crisis del siglo XIV, como hemos visto, y la oposición al creciente nacionalismo habría, pues, de ser mínima, sobre todo si tenemos en cuenta que el monarca iba a encontrar un fuerte apoyo ideológico en el Derecho romano: se consideraba que la autoridad real proviene de Dios, y de Él ha recibido el monarca sus territorios y el poder para gobernarlos. El monarca iba a asumir la soberanía nacional y sería la personalización simbólica de la nación y de sus ideales colectivos. Teóricamente, las nuevas monarquías van a tratar de fundir lo viejo con lo nuevo. Por un lado, se conservan instituciones medievales (Consejos Municipales, Parlamentos, Cortes, aunque pierden casi totalmente su autoridad y no sirven más que para ratificar las decisiones regias), a la vez que se crean instrumentos de Gobierno, leyes e instituciones sobre los que descansa la nueva organización del Estado: un fuerte ejército permanente de carácter mercenario, que depende directamente del Rey, que lo costea con los fondos públicos y que va a ser una poderosa baza que oponer a la levantisca nobleza feudal y a las ambiciones de otros Estados, y una burocracia especializada que permite al Rey fiscalizar y dirigir la vida económica, la recaudación de impuestos, la administración de justicia, etcétera.; y una diplomacia de carácter permanente.

    Se da, en definitiva, el paso de la monarquía feudal (en la que el Rey es una figura meramente representativa, «primum inter pares») a la monarquía nacional, en que el Rey será la cabeza del Estado y donde su autoridad será indiscutible.

Fuente: Enciclopedia Temática Lafer