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Apuntes para una historia universal El renacimiento del siglo XII

Apuntes para una historia universal

El renacimiento del siglo XII
Si bien la reforma de la Iglesia de Carlomagno fue la base de un renacimiento intelectual y artístico, la reforma del siglo XI estimuló un nuevo despertar cultural. Cerca del siglo XII, Europa estaba cubierta de iglesias. También florecieron nuevas actividades intelectuales.
El renacimiento del siglo XII se produjo por diversas causas. Los reformadores de la Iglesia intentaron perfeccionar la educación de los clérigos, estimularon la investigación y el trabajo intelectual, las bases necesarias para lograr ese objetivo.
Una vez redescubiertos, se copiaron y distribuyeron libros de gran valor para desarrollar los centros
escolásticos, ellos irrumpieron en las viejas bibliotecas. El conflicto con los reyes germanos contribuyó a este esfuerzo de investigación, ambos lados trataron de argumentar sus casos sobre la base de antecedentes históricos y las escrituras de los padres de la Iglesia.
Pero las viejas bibliotecas de monasterios y catedrales no fueron las únicas instituciones en las que se
encontraron los libros olvidados. El creciente contacto con el Islam en España, el sur de Italia y Siria
también tuvo un gran efecto. Después de las guerras iniciales de conquista, estos países se convirtieron en centros de intercambio intelectual. En España, los escolásticos israelitas realizaron traducciones al latín de los trabajos filosóficos y científicos en árabe, otros similares progresaron en Sicilia y en el este.
En la filosofía, el redescubrimiento de las ideas avanzadas de Aristóteles sobre la lógica produjo una
gran excitación a finales del siglo XI. La lógica fue una poderosa herramienta para el descubrimiento de nuevas verdades, que ofrecía seguridad a las deducciones extraídas de las observaciones en el mundo real.
En 1 110, Pedro Abelardo (1 070-1 141), un maestro de lógica escribió un libro titulado Sic et Non (sí o no). En él, aplicó la lógica a la solución de algunos conflictos teológicos de la época, por esto fue
condenado. Junto a Bernard de Clairvaux representan los lados opuestos del renacimiento del siglo XII.
Para este último, el propósito del trabajo intelectual era mejorar la experiencia espiritual, esta
concepción impuso formas y limitaciones al trabajo.
Como base de las revelaciones divinas, la Biblia debía ser el principal objeto de estudio y este debe
incluir una contemplación del significado del texto sagrado, que contiene toda la verdad acerca de Dios y el mundo. Para Abelard, la mente humana, cuando emplea la lógica en el análisis de las percepciones del mundo creado por Dios, pudiera crear un conocimiento de la verdad, independiente de la revelación.
Existen, por lo tanto, dos fuentes de conocimiento de Dios, de mundo bíblico y científico, así creyó que las dos vías del conocimiento eran compatibles, sin perjuicio una de la otra.
Estos dos puntos de vista representaron dos medios intelectuales, fueron poderosos y populares en el
siglo XII. Las órdenes monásticas crecieron rápidamente y atrajeron hombres de gran habilidad y
magnetismo personal. Los monjes tuvieron tanto un modo especial de vida como de aproximarse al
conocimiento. Ellos trataron de influir activamente en otros para que los siguieran. Constituyeron una
fuerza moral fuerte en la vida política y social de Europa occidental. Abelardo y hombres como él
ocuparon puestos de maestros dentro de las viejas escuelas dogmáticas, que educaban a los futuros
clérigos. La reforma de la Iglesia produjo una expansión de las órdenes clericales mediante el estímulo al establecimiento de más iglesias y el mejoramiento de la administración eclesiástica; las escuelas dogmáticas proporcionaron los hombres educados necesarios para estos puestos.
El inicio de las universidades
El movimiento intelectual fue más allá de las fronteras de las escuelas de la Iglesia. Abelardo había
solicitado una plaza en París, pero su obispo le negó el permiso de enseñar en la escuela escolástica.
Hasta aquel momento, enseñó bajo la égida de un monasterio en la ciudad, cientos de hombres fueron a escuchar sus lecturas. Otros maestros se sirvieron de estudiantes para establecerse en París, que pronto se convirtió en el principal centro intelectual de Europa. Estos maestros independientes, separados de la tarea de instrucción propia de los clérigos, desarrollaron asignaturas filosóficas y científicas que posibilitaron a los alumnos adquirir habilidades y conocimientos útiles en las reglas seculares, se hizo, entonces común para los hombres instruidos, entrar al servicio de reyes y grandes señores. La clase de burócratas instruidos, tanto en la Iglesia como en los gobiernos seculares, proporcionó una audiencia para el trabajo intelectual y estimuló a los estudiosos en una gran variedad de temas.
A finales del siglo XII, había tantos maestros activos en la ciudad que formaron un gremio aparte o
universitas (gremio en latín) para regular sus negocios. Este fue el comienzo de la universidad moderna, una institución de altos estudios basada en las actividades corporativas de los maestros.
Desde el punto de vista científico y educacional, el acontecimiento más importante entre los siglos X y XII es el nacimiento de las universidades.
La universidad como institución nació en la Edad Media, a partir de la evolución del modelo de las
corporaciones artesanales.
Es el resultado de un largo proceso de reorganización social y cultural en la Europa de esta época, tras el final de las invasiones bárbaras. Ellas brotaron de la atmósfera socio -económica y cultural de la
sociedad europea occidental urbana de los siglos XI y XII.
A pesar del criterio universalmente aceptado de la aparición de la universidad como institución
medieval, deben reconocerse los aportes que hicieron un conjunto de organizaciones del mundo antiguo, como es el caso de las escuelas brahmánicas, que sirvieron de ejemplo a una educación que descansaba sobre la base de la religión y la filosofía, que giraba sobre el estudio de las matemáticas, la historia y la astronomía.
La invención del papel y la imprenta en China sirvieron a la escritura para vigorizar la educación
superior, las ciencias y la tecnología. Otro de los aportes, hecho por el mundo antiguo, es la Escuela de Alejandría, una iniciativa de Tolomeo Soter en el siglo III a.n.e. La Biblioteca de Alejandría, con su medio millón de rollos de papiro, hizo de dicha ciudad un emporio educativo del helenismo, el judaísmo y el cristianismo.
Otros antecedentes fueron las llamadas escuelas de filosofía atenienses (siglo IV a.n.e.). Entre ellas, la Escuela de Pitágoras de Samos, la más antigua, produjo un gran impacto en la investigación de las
matemáticas. A la escuela de Protágoras, eminente sofista, se debe el currículum de las llamadas siete
artes liberales (el trivium y el cuadrivium) que marcaron el paradigma de la educación superior durante varios siglos y de la cuales provienen las actuales divisiones entre disciplinas literarias y científicas.
Luego, surgió la gran trilogía de hombres que con sus ideas impactaron el mundo: Sócrates, Platón y
Aristóteles.
Las aulas de Sócrates fueron las plazas de Atenas. Platón, fundó su escuela, que se mantuvo durante
nueve siglos, en los jardines de Academo; por eso se llamó la Academia de Platón. Aristóteles, después de veinte años como alumno de Platón creó, con la ayuda de Alejandro Magno, el Liceo o Gimnasio de Atenas en el año 335 a.n.e. Ambas iniciativas se consideran como los antecedentes más valiosos de la Universidad, por el carácter sistemático de sus estudios.
El Liceo de Aristóteles, denominado así por ubicarse cerca del templo de Apolo Liceo, fue el más
amplio santuario del conocimiento de la época. La sistematización del conocimiento, así como el
hallazgo de otros con la ayuda de la observación y la lógica, fueron sus más claros objetivos Por eso,
Aristóteles se considera como el padre del método científico, el método empleado por las universidades.
La licencia para enseñar que otorgaron las universidades del medioevo carecen de antecedentes en el
antiguo entorno clásico; la Academia y el Liceo no concedían títulos o grados ni se practicaban
exámenes o evaluaciones.
También existen algunas referencias sobre los antecedentes de la universidad, que refieren la
contribución de la cultura árabe a esta extraordinaria institución, creada por el hombre. Debido a la
singular importancia que tuvieron los grandes centros de cultura árabe del siglo IX: Bagdad y el Califato de Córdoba, en España, que poseían extensas bibliotecas y observatorios astronómicos, practicaban evaluaciones y conferían diplomas, existen quienes apoyan la idea de que las primeras universidades fueron de origen árabe. Hacia el siglo X, se debe hacer mención de la Escuela de Traductores de Toledo, en la que enseñaron juntos árabes, cristianos y judíos.

Fuente: Apuntes para una historia universal
Lic. Rubén Cañedo Andalia,1 Lic. Caridad Karell Marí2

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