Hermann Goering o Herman Göring En Agosto de 1940, se dedicó de lleno a dirigir la guerra aérea

HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Hermann Goering o Herman Göring
En Agosto de 1940, se dedicó de lleno a dirigir la guerra aérea contra Gran Bretaña. Sus errores lo llevaron a tomar la peor decisión de su vida, cuando ordenó el bombardeo masivo de Londres el 7 de Setiembre de 1940, justamente cuando Gran Bretaña estaba a punto de ver el colapso de su fuerza aérea de defensa. Esto salvó a la RAF de la destrucción y les concedió el tiempo necesario para reorganizarse. El tremendo error estratégico no fue perdonado nunca por Hitler, en especial porque le obligó a cancelar la operación León Marino.
A partir de ese momento, comenzó la decadencia política de Goering quien a pesar de ello, continuó cometiendo graves errores dando órdenes que contravenían las recomendaciones de sus generales. La incompetencia de Goering no terminó ahí. Durante la operación Barbarossa, no sólo cometió gran cantidad de desatinos, sino que continuamente mentía al OKH y al propio Hitler haciendo promesas que la Luftwaffe no era capaz de cumplir.
Goering se sumió en un letargo inmerso en un mundo de ilusiones, llegó al extremo de prohibirle, en 1943, al general Galland a reportar los escuadrones de bombarderos Aliados que cada vez se adentraban más en Alemania, eran acompañados por escuadrillas de aviones caza. Goering se convirtió en un fantasma en el que nadie creía y el mismo Hitler hacía lo posible por evitar. Aunque
las intrigas de Bormann le causaban menos daño que su propia incompetencia, Himmler, Goebbels
y Speer lo desplazaron. Su personalidad se comenzó a desintegrar al ver que sus bufonerías ya no
impresionaban a nadie y Hitler lo acusaba como culpable de todos los fracasos en aire, mar y tierra.
Cuando Hitler decidió que se quedaría en el búnker en Berlín hasta el final, Goering que en esos momentos había volado a Baviera, malinterpretó eso como una abdicación y solicitó tomar el mando como sucesor del Fuehrer fue despedido de todos su cargos, expulsado del partido y encarcelado. Poco después, el 9 de Mayo de 1945, fue capturado por los Aliados y enjuiciado en Nuremberg por crímenes de guerra en 1946.
Durante el juicio, Goering perdió peso y fue alejado de las drogas, se defendió con todo vigor, muchas veces corrigiendo las recomendaciones de su defensa. Con la muerte de Hitler, tomó actitudes de autoridad sobre sus compañeros de juicio, con poses de heroísmo que esperaba que lo convirtieran en el mártir alemán de la guerra. Sin embargo no convenció a nadie y menos a los jueces que lo encontraron culpable de conspiración para hacer la guerra, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Fue sentenciado a morir en la horca.
El 15 de Octubre de 1946, Hermann Goering, utilizando una cápsula de veneno que logró esconder en sus ropas durante su captura, cometió suicidio por envenenamiento en su celda en Nuremberg.
Irma Grese
Después de la Segunda Guerra Mundial, los aliados triunfantes llevaron a numerosos criminales de guerra nazis ante el célebre Tribunal de Nüremberg y en otras instancias judiciales. Casi todos eran hombres. Una de las pocas mujeres enjuiciadas y condenadas por crímenes contra la humanidad fue Irma Grese, quien cometió múltiples y atroces delitos durante el tiempo en que se desempeñó como supervisora en los campos de concentración de Birkenau, en Auschwitz, así como en Bergen-Belsen y Ravensbrück.
Durante el juicio, realizado al término de la guerra en Nüremberg, dio pormenores de su vida antes de trabajar en los campos de concentración: nació el 17 de octubre de 1923 y terminó la escuela elemental en 1938, dos años después del fallecimiento de su madre, quien dejó en la orfandad a dos pequeñas (Irma era una de ellas) y dos niños. Después de la escuela, la joven desempeñó pequeños y efímeros trabajos en una granja, en un hospital y en una lechería. Eran ya los tiempos de la guerra. En Alemania, como en todos los países involucrados en el conflicto, los brazos masculinos escaseaban porque se encontraban, en su mayoría, en los frentes de batalla. En 1942, la Oficina del Trabajo del Tercer Reich envió a Irma a trabajar en el campo de concentración de Ravensbrück, en donde empezó con tareas administrativas elementales.
Allí, la muchacha experimentó una transformación significativa. Años después, durante su juicio, su hermana Helena relató que, mientras Irma trabajó en Ravensbrück, la vio sólo en una ocasión, cuando fue a visitar la casa familiar en disfrute de un permiso. El padre de ambas se disgustó al ver cómo su hija se pavoneaba en uniforme de las S.S. Aquella joven se había adherido con fervor a la causa nazi.
Tras un periodo de aprendizaje, en marzo de 1943, Irma fue enviada al tristemente célebre campo de Auschwitz, en donde comenzó realizando labores de control de provisiones y manejo de correo. Poco después fue nombrada supervisora (SS Oberaufseherin). Aunque todavía no cumplía veinte años, su “carrera” iba en ascenso.
Las nuevas responsabilidades de Irma incluían el control directo de las prisioneras así como la selección de las condenadas a la cámara de gas. Durante su juicio, Irma negó enfáticamente este hecho y dijo que sólo indirectamente, por boca de las propias prisioneras, había tenido noticia de
las ejecuciones en masa.
Pero los testimonios de las supervivientes del Holocausto indican otra cosa: acompañada de un perro de ataque, Irma golpeaba brutalmente a las reclusas con su fuete “ligero”, hecho de celofán.
El más mínimo pretexto era suficiente para desencadenar el castigo, que las más de las veces conducía a la muerte.
Fue imposible determinar la responsabilidad de Irma en un número concreto de asesinatos. Se dice que los cometía a un ritmo promedio de treinta al día. El galpón C del campo Birkenau de Auschwitz, en donde ella “trabajaba”, tenía capacidad para 30 mil prisioneras. El número total de víctimas en los tres campos que se ubicaban en el pueblo de Oswiecim, rebautizado como Auschwitz, se estima entre 1 millón y 1.5 millones de personas, que en su mayoría murieron en las cámaras de gas.
Durante un breve lapso, Irma regresó a Ravensbrück, a 90 kilómetros al norte de Berlín, y luego fue enviada a Bergen-Belsen, cerca de Hannover, Alemania. Luego, permaneció en Birkenau hasta el final de la guerra.
Fue arrestada por los ingleses y juzgada en septiembre de 1945, junto con el comandante de Bergen-Belsen, Josef Kramer y otros cuarenta oficiales; fue condenada y colgada el viernes 13 de diciembre de ese mismo año por el verdugo británco Albert Perrepoint, junto con otras dos mujeres alemanas, las enfermeras Elisabeth Volkenrath y Juana Bormann. Irma Grese tenía 21 años.
Ciertamente, durante su juicio, ella negó todos los cargos de asesinato pero, aún condenada, no renegó de la ideología nazi y, en su celda, la víspera de su ejecución, entonaba los cantos marciales de las temibles SS.
Se ha afirmado que la criminal mantuvo relaciones amorosas con el doctor Joseph Mengele, “El Angel de la Muerte”, responsable de vivisecciones y experimentos con enfermedades en los judíos del campo. Sin embargo no hay pruebas directas de esta relación. De lo que sí quedan testimonios ciertos es de la belleza de sus facciones, endurecidas por un gesto de ferocidad y desafío. La prensa la bautizó como “El ángel rubio de Auschwitz”.

Fuente:  HISTORIA DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
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